En algún punto de estos últimos años se rompió la brecha que mantenía a productores, inversores y magnates de todo el mundo cautelosos, o con sentido común, a la hora de invertir su dinero en la industria del entretenimiento.

El siglo de los millones

Por Juan Carlos Bernal
Colaborador Revista Acine

VAMOS ACINE

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Cuéntanos como deseas participar en la Revista Acine

La primera revista de cine comercial en Colombia

Deseo recibir el Newsletter de Acine

VAMOS ACINE

Y no es que esté mal, gracias a estos ríos de dólares hemos disfrutado de magníficas producciones, no sólo en el cine y la TV, pero el equilibrio se está perdiendo.

En lo corrido de este siglo, con contadas excepciones, se han realizado las cintas y series de TV más costosas de la historia. Más de 14 cintas como Batman: El caballero de la noche asciende, Avatar y Enredados superaron, cada una, los 250 millones de dólares de presupuesto. Cifra que antes del año 2000 solo alcanzaban Waterworld (1995), Titanic (1997) y Cleopatra (1960). Y ni hablar de producciones para tv y plataformas digitales como Game of Thrones, House of Cards o la recién cancelada Sense 8.

En estos días el futbolista Neymar Jr. pasó del Barcelona al PSG por 262 millones de dólares, una sola persona, sin hablar del salario y primas. Con ese valor se habrían realizado, una superproducción como Los Vengadores (USD 220 millones), y hubiese sobrado dinero para producir varias cintas ganadoras del Oscar® a mejor película como Moonligth (USD 1,5 millones), El Artista (USD 15 millones), Crash (USD 6,5 Millones) y Spotligth (USD 20 millones). La suma pagada por Neymar es una transacción irrisoria, a ninguna persona se le puede dar tal valor monetario.

Si es cierto que gran cantidad de estas cintas multimillonarias recaudan lo invertido, ya son cada vez más las que apenas superan el coste de producción. El ejemplo más claro es John Carter, que costó 259 millones de dólares y recaudó, en todo el mundo, 284 millones de dólares.












En los últimos días salieron a la luz dos cintas con grandes presupuestos, Transformes: El Último Caballero y Dunkerque. La primera es la más reciente entrega de la saga dirigida por Michael Bay y la segunda una obra maestra, aclamada por la crítica, del premiado director Christopher Nolan. Las cifras hablan por sí solas: Transformers costó 217 millones de dólares  frente a los 100 millones de dólares que se gastaron en Dunkerque. La cinta de robots espaciales ha recaudado USD 128 millones en Estados Unidos, mientras que la épica odisea de la segunda guerra mundial ha logrado 109 millones con unas semanas menos en cartelera.

Aunque en el acumulado mundial Transformers logra acomodar caja, la inversión destinada para una película que para la crítica está puntuada, en promedio, en 2,8 sobre 10 es exorbitante. Historia muy diferente para Dunkerque, que con menos de la mitad del dinero invertido, tiene un puntaje promedio de 9,4 por la crítica especializada y repunta como la gran vencedora en la temporada de premios.

Estos datos no son más que un llamado de atención para productores y espectadores, pues muchas de estas megaproducciones ‘basura’, que solo rellenan el espectro cinematográfico y generan ganancias en países sin industrias fílmicas fuertes, son las que le quitan tiempo y salas de exhibición a las cintas locales, retardando el desarrollo del cine nacional además de hacernos perder tiempo y dinero.

Leer más