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Netflix y Army of the Dead: siempre apuesta por los muertos

El slogan de la más reciente y comentada película de zombies orquestada por Netflix junto al director Zack Snyder bien podría adaptarse a la realidad actual que atraviesa la plataforma de streaming, la cual se encuentra más viva y muerta que nunca.

Pero ¿qué quiere decir esta expresión paradójica? El término "undead" o no muerto acuñado por el veterano género cinematográfico de los zombies es utilizado para describir a estas criaturas que pese a encontrarse sin vida en su interior, de alguna forma poseen cuerpos capaces de pulular por áreas sin aparente desgaste y, aunque no lo necesiten de forma estricta, de consumir cerebros humanos.


Esta analogía resulta oportuna al momento de analizar la situación actual de Netflix: una plataforma que en su tiempo fue tan acusada como aplaudida por revolucionar la industria del consumo de TV y películas, acabando con la tiranía hegemónica del gigante de alquiler Blockbuster (que en aquel entonces parecía imposible de derrocar). Blockbuster durante el final de sus días era visto como la opción molesta, pero por defecto, la más viable para disfrutar de aquel DVD con la película del momento.


Del mismo modo, en la actualidad, Netflix ha pasado a ser percibida como la plataforma de streaming por default de cada hogar, aquella refrigeradora que revisamos constantemente esperando encontrar algo delicioso en su interior a pesar de estar conscientes de que no se han hecho las compras. Es decir, el servicio que alguna vez fue un joven revolucionario está gradualmente convirtiéndose en un espacio monótono que ofrece poco contenido novedoso a sus consumidores.


La aparición de un promisorio Disney+, el cual pese a contar con una parrilla de series y películas aún limitada garantiza mucho a mediano plazo, y el establecimiento de varias nuevas ofertas de streaming en el mercado como HBO Max, que inicia su aventura en Latinoamérica, AppleTV+, Hulu y Amazon Prime Video, cuya compañía madre adquirió recientemente la legendaria Metro-Goldwyn-Mayer, acrecientan la brecha de la denominada guerra de streaming, una suerte de repetición del patrón en algún momento atravesado por los servicios de cable en el pasado.


Para Netflix, alguna vez considerado un incuestionable líder en el olimpo del streaming, que a su vez supo equilibrar el manejo de derechos de producciones clásicas con la creación de contenido original laureado por la crítica, esto significa peligro. Aunque domina con 207 millones de suscriptores en la actualidad, se encuentra preocupantemente seguido de cerca por Amazon Prime con 200 millones y el rookie Disney+ con 100 millones. Lo que es más notorio es que, a los dos últimos, esto les ha costado una fracción del tiempo que a Netflix le tomó alcanzar dichas cifras de clientes. Además de esto, hoy en día es más común oír noticias sobre contenido que abandona el catálogo de Netflix por cuestión de derechos que nuevas producciones llamativas organizadas por este, un hecho que hace a sus consumidores cuestionarse su fidelidad hacia Netflix.


La compañía se encuentra consciente de su estancamiento y busca trabajar en superarlo. Tras un 2020 de pandemia que por un lado generó el incremento de suscriptores a costa de ocasionar el retraso de muchas producciones, Netflix ha sabido defenderse con golpes ahogados traducidos en obras originales no muy ambiciosas con críticas mixtas por parte del público. Estas mismas obras también parecen proponerse ser cada vez más diversas en cuanto a sus géneros para abarcar aún más el espectro de preferencias por parte de sus suscriptores.


Sin embargo, la madurez de Netflix es también un hecho favorecedor. Tras una década de préstamos realizados que suman 16 mil millones de dólares con el objetivo de financiar sus producciones, Netflix finalmente anunció al inicio del 2021 su independencia económica en este aspecto, lo cual lo convierte finalmente en un servicio rentable. Este es definitivamente un punto ventajoso para Netflix, en su condición de zorro viejo, que sus contrincantes aún deberán sortear y enfrentar como uno de los principales obstáculos de esta industria: crear y vender rentablemente.





Hay vida en la muerte


Retomemos el punto de arranque de este artículo: Army of the Dead, la película del momento de Netflix. Históricamente, el desgastado género zombie no ha acostumbrado a gozar de las producciones más aclamadas por la crítica más allá de generar películas disfrutables gracias al gore y la acción que conllevan. El elemento diferencial de este filme es que cuenta con la visión extravagante del director Zack Snyder, cuya reciente versión de Justice League podría considerarse un zombie revivido de forma exitosa.


Adicionalmente, esta entrega, más que nada desde la perspectiva visual, ofrece esa sensación de ser una película que nos resulta familiar, que ya hemos visto incluso antes de hacerlo. Es una especie de Suicide Squad disfrazado de Resident Evil con un apocalipsis zombie ambientado en Las Vegas, tierra del pecado y las apuestas. Y si hablamos de apuestas arriesgadas, Netflix se ha jugado todas sus fichas en esta producción y le ha dado al jackpot.


Es importante aclarar que Netflix ha realizado una labor incuestionable en la redefinición del streaming y tiene en su haber producciones de altísima calidad con respecto a guión, dirección y actuación como Roma, en cuanto al cine de autor, o El Camino como una continuación digna de la mítica Breaking Bad. Si hablamos de series de excelencia, la lista es más amplia aún. No obstante, las producciones de Netflix que logran los números grandes suelen ser películas más explosivas, con historias digeribles que a pesar de no ser malas sí resultan simples o sensacionalistas. Tenemos como ejemplos la cinta de acción Extraction (99 millones de espectadores) de un unidimensional Chris Hemsworth, el blando thriller Bird Box (89 millones) protagonizado por Sandra Bullock o Enola Holmes (76 millones), una cinta tan inteligente que cae en su propia ingenuidad, protagonizada por la prometedora Milly Bobby Brown.


Con 72 millones de espectadores a una semana de su estreno y contando, Army of The Dead, por su parte, se perfila como una de las producciones del momento y apunta a convertirse en una de las más prósperas, si no la más exitosa de la casa Netflix. El estrambótico universo cinematográfico que envuelve a Army of the Dead, con producciones derivadas anunciadas desde antes de la salida de la película, es indudablemente uno de sus puntos más fuertes, pero esta percepción decae una vez que nos adentramos en las falencias de su historia, que no son pocas.


Por otro lado, la reciente atención recibida por el SnyderCut y el Snyderverse del DC Extended Universe resulta idónea para potenciar el morbo e interés hacia Army of the Dead, siendo Zack Snyder un realizador que ha polarizado constantemente las opiniones sobre su trabajo, el cual puede ser catalogado como majestuoso, pretencioso o insulso dependiendo de quién y cómo lo mire. Snyder supo proporcionar una versión bien recibida frente a la Justice League de Joss Whedon caída en desgracia, además de crear reacciones dentro del fandom de DC, cuyo universo cinematográfico, lejos de ser satisfactorio, cuenta con una producción y planificación popularmente caóticas.


El protagonista de Army of the Dead, Dave Bautista AKA Batista, un ex-luchador (más) que se aventuró en la industria del cine de acción, generó polémica hace poco al indicar el fin de su personaje de Drax El Destructor en el MCU tras la salida de Guardianes de la Galaxia Vol. 3. Marvel posee un fandom mucho más consentido que el de DC por su mayor estabilidad, por lo cual estas declaraciones se interpretan como anárquicas en su entorno. De manera similar a lo ocurrido con Snyder, esta popularidad reciente dada por los medios a Bautista impulsa el interés de los espectadores por conocer qué puede aportar el actor a este nuevo universo de una película zombie.


El resultado es un poco (bastante) desordenado. Army of the Dead cuenta con una trama ilógica y personajes pobremente desarrollados por los cuales no logramos sentir empatía o preocupación al momento de enfrentar su muerte. De hecho, mueren tantos personajes en la película que esta termina por honrar su título al sumar aún más miembros al ejército de muertos. Los giros 'inesperados' de la película sorprenden más por el 'qué' que por el 'cómo', tratándose el 'qué' de lo netamente visual y el 'cómo' de la profundidad del guión.


Finalmente, el potencial que la película posee frente a productos similares es vasto, los zombies y su estructura organizada dentro de su propio reino junto a su origen proporcionan frescura a este explotado género. Hasta cierto punto, los muertos resultan más interesantes y entendibles que los vivos. Lastimosamente, este aspecto es vagamente explorado y la película se encarga de desarticular este eje a punta de one liners mediocres y conclusiones insatisfactorias maquilladas por escenas de acción y explosiones coloridas de un presupuesto lo suficientemente alto como para hacernos olvidar de lo demás por breves instantes.


Dependiendo de sus decisiones y acciones próximas, Netflix podría convertirse en el nuevo Army of the Dead del streaming, un ser que alguna vez estuvo lleno de vida y que hoy consume el cerebro de sus víctimas (o en este caso, suscriptores) a partir de obras llamativas desarrolladas a medias que sin embargo terminan por ser tan adictivas y atrapantes como un casino en Las Vegas, la ciudad de los excesos y sinsentidos. ¿Debemos apostar siempre por los muertos?

Por Adrián Francisco González Freire

Estudiante de comunicación, amante de la gramática, el reggaeton, el cine contemporáneo y todo aquello que pueda ser descrito de forma llamativa.

tw: @adriangonzalezf

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