• Revista Acine

Sobre la vida en blanco y negro

Actualizado: jul 1

Tengo esta idea, casi certeza, de que no existen personas malas, sino heridas.

Con “Cruella” el cine lo refuerza una vez más. Cada vez que ahondamos en la historia de un villano, descubrimos que es una víctima de las circunstancias. Lo que definitivamente te saca de la zona de confort.


Me explico un poco; las películas de Disney con las que crecí eran bien arquetípicas, de roles sin matices, protagonistas blanquísimas sin un ápice de maldad y villanas despiadadas. Era muy fácil elegir un bando. Y “La noche de las narices frías” –así conocía yo a “101 Dálmatas” - tenía a la peor, la ególatra fashionista, Cruella de Vil, porque desbloqueó un nivel de “villandad” al querer hacer daño a los seres más nobles del planeta, más aún al ser cachorritos.


Este clásico de Disney evidenció la crueldad del uso de pieles en la moda en una época, principios de la década de los 60, donde no había tanta consciencia al respecto.

Así que mi niña interior se siente un poco traicionada al ver ahora “Cruella” y no solo empatizar con ella, sino también pensar que es muy cool. Me tocó hacer un ejercicio de borrón y cuenta nueva para apaciguar el conflicto.

Stella, como su icónico pelo, desde muy chiquita tuvo que dividir en dos su personalidad. En una sociedad cuadriculada y rígida intentó dejar en la sombra a su lado “Cruella” para encajar. Realmente, el nombre “Cruella” no le hacía justicia pues más que una niña cruel era defensora de los más débiles y transgresora de las normas que buscan formar seres uniformes y adoctrinados. Pero fue solo cuando vivió la experiencia más dolorosa a la que un niño deba enfrentarse, que decidió reprimir por siempre esa tendencia rebelde de su personalidad, tapó a Cruella igual que a su pelo, bajo capas de tinte borgoña.


A pesar de sus esfuerzos por hacer las cosas bien, Stella no era retribuida. Salvo sus fieles amigos, parecía que el mundo se empeñaba en hacerle todo muy difícil. Después de una acumulación de maltratos durante su trabajo en una elegante tienda de diseño, vemos que Cruella toma por un momento el control y con toda su energía punk crea la vitrina más increíble que ha tenido la tienda en años. Es ahí que un giro del destino sopla a su favor, por fin su talento es reconocido.


Pero…ya lo dije, Stella no encuentra redención, sino al contrario, cada vez se ve sumida en situaciones más adversas y dolorosas. Lo que hará que emerja de las sombras una Cruella fortalecida dispuesta a dar los golpes estéticos más disruptivos, una Banksy con antifaz desestabilizando el establecimiento.


“Cruella” mientras no te metas con los perritos me caes bien. Además, qué estilo el que te mandas. Voy a escuchar tu soundtrack para recordar: la vida es más compleja que verla en blanco y negro y el cine lo sabe.


Por Marcela Salazar


Comunicadora social, Maestra en Literatura, fan de las buenas historias. El universo audiovisual me permite acceder al mundo y me ayuda a entenderlo, por eso me gusta tanto.

Instagram: @marcerosa

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